lunes, 19 de agosto de 2013

Los lujos, la cultura.



"La producción cultural, muchas veces, es la que nutre de armas y de argumentos para poder analizar el mundo en el que vivimos, y eso lo llevan muy mal todos los poderes. No les gusta. No les gusta que alguien, leyendo un libro, pueda encontrar las claves por las cuales llega a entender mejor por qué pasan las cosas que pasan y para qué pasan".

"La sociedad se juega su propia identidad. Se juega saber quiénes somos, por qué hemos llegado a ser lo que somos, en el mejor sentido de la palabra, con conocimientos científicos, con goces espirituales que manan de ver un cuadro, de oír una música, de ver una película, de ver una obra de teatro, de leer un libro. Nos estamos jugando el ser lo que somos".

"No nos equivoquemos. La producción cultural es un lujo. Como en el viejo dicho, primum vivere deinde philosophari: primero hay que vivir y luego ya pensaremos. Porque si no existimos biológicamente, no hay manera de pensar. Pero dicho esto, sin ese lujo que se puede permitir el ser humano y que se completa como ser humano en el ejercicio de ese lujo, somos unos imbéciles sobre patas. Y eso es lo que pretenden: que seamos unos imbéciles ejercientes de imbéciles. Y por lo menos deberíamos ejercer una resistencia brutal a convertirnos en brutos."




Hoy casi me despiertan estas palabras, y digo casi porque las he escuchado justo después del bip bip del despertador, en esa fase previa a la resurrección en la que no se sabe bien si uno sueña o vive, si uno tiene delante a José Luis Cuerda con su barba y sus gafas y su cara de buena persona o solo está escuchando su voz rota en el Hoy por hoy, diciendo cosas muy sabias y muy certeras y muy necesarias. Yo, joven ilusa e idealista cuando menos conviene, llevo cuarenta luchas a piñón contra cuarenta cosas que me parecen injustas y a veces me caducan los argumentos de tanto repetirlos sin que calen. Por eso está bien escuchárselos a otro, de vez en cuando, te levantan el ánimo, te devuelven la fe.
Cuerda lo sabe. Lo más importante en esta vida es vivirla y para eso hacen falta comida, medicinas y un techo; lo demás son lujos, prescindibles para cumplir el deseo de nacer, crecer y morir. Pero hay lujos y lujos, hay vidas y vidas. Está el pensamiento complejo. Está la razón crítica. Nada de eso es posible sin cultura. Y si hay que hablar de lo más visceral, que es, a fin de cuentas, lo que mejor entendemos, puedo hacerlo hasta agotarme. Siento lástima por quien no haya sentido nunca ese estremecimiento del placer artístico, algo parecido a un síndrome de Stendhal aunque sea venido a menos. Me parte el alma imaginarme a la persona que llegue al final de sus días sin haber leído el capítulo 7 de Rayuela, el beso de los cíclopes, con un dedo toco el borde de tu boca. Me aterra pensar que exista alguien que nunca se quedó enganchado a una melodía, que no dejó pasar los segundos perdido en ese sonido, dedos contra cuerdas, ese sonido de los dedos expertos contra las cuerdas de una guitarra que se intuye a veces bajo el grito de una telecaster y que me enseñaron a detectar y a disfrutar casi más que la propia música. No consentiría dejar pasar la vida sin asistir a la magia del directo sobre la tabla de un teatro. No es ocio ni entretenimiento sino siembra y recogida. No dejaré de leer ciertos versos ni escatimaré en ciertos lujos, lujos que nos hacen lo que somos y que a veces nos vuelven más malos, a veces más buenos. Lo cierto es que hay lujos necesarios para diferenciarnos de los animales.
Yo invito.


4 comentarios:

  1. Me encanta esta entrada. Qué voy a decir que no hayas dicho tú aquí -o José Luis Cuerda-.
    PD: Ese artículo de El Malpensante es uno de los mejores que he leído nunca.

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  2. Cuerda sabe como camelarme dándole al pico. La existencia de los animales es lo que realmente nos hace ser humanos, pero un mundo sin Cortázar y cía seguiría siendo demasiado salvaje.

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  3. Lo que para unos es lujo prescincible para otros es tan básico e importante que llega a ser esencia.
    Por más que intenten convencer de que es lujo hay que seguir poniendola en valor. Nos lo debemos.

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    1. Lo que nos debemos es ese proyecto a medias que tú ya sabes. A ver si este año puede ser por fin nuestro año.

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