martes, 5 de septiembre de 2017

Misa de septiembre

( yo confieso ante dios todopoderoso
y ante ustedes hermanos
que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa )

Al final tenía razón: no se puede querer como un hooligan. Cuando acaba el campeonato sólo queda la violencia. No se quiere a golpes de efecto. Hay pocas cosas más difíciles de encontrar que la calma dulce. Ese silencio que no augura malas noticias. La complicidad de no tener que perseguir la euforia. Te la jugó esa puta obsesión por lo épico: un capítulo, un recuerdo cualquiera convertido en acontecimiento, con toda esa solemnidad que luego les sobra cuando toca sacudírselos. El nervio el miedo la confusión entre admiración y amor la casuística de los cojones. No, no puedes estar fundiendo plomos constantemente. No puedes esperar que te saquen a hombros jaleada entre glorias como a una virgen de pueblo. No puedes desinflar siempre los enfados con sexo y no puedes aplaudir la destrucción como una Eva Braun de izquierdas. No puedes pedir más últimas oportunidades no tienes un delorean para viajar al pasado no puedes dar las gracias a los que te quieren por hacerte el trabajo. Si vives perdonando errores ajenos cómo mierda no vas a perdonar los tuyos.

( cordero de dios
tú que quitas el pecado del mundo
ten piedad de nosotros )




2 comentarios:

  1. Siempre es mas fácil perdonar a otros, incluso pedir perdón para nosotros, que dárnoslo.

    ResponderEliminar
  2. No se puede tener la culpa de algo que no se sabía que no debía hacerse, no podemos equivocarnos en base a la ignorancia.

    El pecado no existe, es una fabulación.
    Y el perdón mera fantasía.

    Saludos,

    J.

    ResponderEliminar