miércoles, 15 de noviembre de 2017

Algún día estos tiempos serán los buenos tiempos.



por más que me arañe no sé arrancarme el ancla que no deja despegar al cohete pero estoy aprendiendo a dirigirlo a contrapelo porque quiero llegar a algún lado aunque ya sea tarde para querer llegar lejos (casi tienes edad para haber parido a los últimos fichajes del fútbol) y mientras tanto somatizo la ansiedad y las frustraciones pintándome el pelo de colores hasta que se acabe la carta del pantone, que es una salida bastante más sana que otras que he tomado anteriormente. Así aunque todo siga igual parece que todo está cambiando porque cada semana tengo el pelo de un color e incluso puedo pasar por una cara nueva para algún desconocido. Cada uno tiene sus fórmulas sus trucos de magia su vía de escape su dique de contención que no hemos nacido con la guía de meristation debajo del brazo para orientarnos la vida y estamos perdidos, muy perdidos y muy tristes y no sabemos por qué lo estamos, con lo jóvenes que somos y lo guapos y lo listos, por eso lo de inventarse la forma de sacar el conejo del sombrero exactamente igual que él cuando disimula el agobio repitiendo en bucle la lección autoimpuesta: tengo todo lo que quiero menos una cosa (yo se lo concedo porque ya no me atrevo a dar la réplica, con lo galla que he sido). Dicen los estudios de la gente que sabe de esto que la insatisfacción crónica es un problema generacional (somos una nueva ola del movimiento grunge: la misma rabia con mejores ropas) pero se supone que mi generación es también la más individualista de la historia así que yo qué sé, que me expliquen qué sabrá toda esa gente de la detonación controlada de mis dos únicas certezas del síndrome de la enfermera de esta casa erigida sobre un cementerio indio o de los tres siglos que lleva durándole el insomnio a jovellanos con aquello de "porque sé que los sueños se corrompen he dejado los sueños"

que además de tristes somos torpes porque ya que nos hemos dejado tanto por el camino (sobre todo, tiempo) y habiendo renunciado por fin a ser buenos podríamos empezar a ser malos a propósito, que es mucho mejor que ser malos sin querer. Decir mira: el mundo se va a la mierda, déjanos la diversión antes de que lleguen con sus fusiles y nos arrastren de nuevo a la tapia del cementerio, que cuando eso pase y nos claven su plomo en la frente nos saque la lágrima algún recuerdo, que si no pasa y por desgracia llegamos a viejos habiendo presenciado el declive definitivo de la raza humana tendremos que llenar la nostalgia de algo y si hay algo peor que el olvido es no tener nada que olvidar. Imagínate feliz de ser viejo o de estar muerto por haber escapado por fin de tus propias expectativas de juventud. Querido, algún día estos tiempos serán los buenos tiempos y los estamos dejando correr


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