jueves, 27 de junio de 2013

Ya no duele.



Llegué aterrada. Recuerdo las lágrimas en la estación. Diecisiete años, apenas 150 kilómetros, una vida hecha y ningún interés en destruirla. Me iré aterrada.
Sevilla ya no es barroca cristiana ni flamenca ni rancia. Se ha rehecho, o la he rehecho yo. Debe de ser eso: he tardado cinco años en modelar una ciudad que no existía antes de mi llegada, digan lo que digan las piedras, la Catedral, Antonio Machado, la Macarena, Silvio. Que no existía, es mía, y justo cuando la tengo donde quería, justo cuando la tengo acabada y barnizada, lista para estrenar, para entrar a vivir como quien dice, es cuando yo, tan oportuna, me tengo que marchar. Y entonces siento como si esta habitación desnuda fuera a engullirme en cualquier momento.

Ya no duele, porque el dolor ha cambiado de andén. Solo espero que las raíces me respeten y no se ensañen.

"Quiero que alguien sienta hacia mí este mismo miedo al abandono y a la pena".
Cuidado con lo que deseas.


5 comentarios:

  1. Sueles poner las palabras adecuadas a lo que siento . Grande tú siempre :)

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  2. El terror es un lastre. Sustitúyelo por desenvoltura, por viveza. Llegarás más rápido a ese "listo para estrenar". Vivirás más.

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  3. Irene, son etapas que se cierran, las ciudades las llevamos en el corazón, no por lo que son, sino porque en ellas dejamos amigos, costumbres, en definitiva una vida....
    seguro que la visitarás más de una vez y recordarás todo lo vivido

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  4. Te quedan tantas "sevillas" por descubrir...Te me estas haciendo mayor. Las raices seguiran aqui siempre esperandote, no te defraudaran. Pero tu tienes alas.

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  5. Me encanta lo que te dice tu madre. Me gusta lo que escribes.

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